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Dios es… ¡Dios!

lunes 5 de mayo de 2008

sábado 3 de mayo de 2008, por El secretario


Reverendo Padre,

¿La joven mujer que perdió la vida intentando salvar a su hijo de tres años es en verdad su sobrina? Ambos fallecieron en las llamas o en la humareda. En caso afirmativo, con su Fe a toda prueba, ¿qué piensa de los juicios de Dios?
Bien respetuosamente.
Cecilia P. (Vannes)


3 de mayo de 14: 19, por el Padre Philippe Laguérie

Sí, efectivamente soy el tío de esta joven mujer heroica que falleció intentando salvar a su pequeño hijo, de casi cuatro años, de las llamas del incendio de su casa. Estoy bajo el choque y mi desasosiego es profundo. Tanto más que los hechos son propiamente alucinantes. Esta joven mujer de 31 años, dulce, inteligente, alegre e incluso feliz, porque acababa de enterarse de que estaba grávida de su segundo (que tardó bien pero que está allí, en sus entrañas, a fuerza de oraciones y novenas)… guarda tranquilamente su casa en el primer piso, después del desayuno tomado con su marido que acaba de partir al trabajo. ¡Ignora que en el segundo piso su casa se está incendiando! Un hombre toca a la puerta, un paisajista, que le advierte: se está quemado arriba. Desesperada, grita: ¡mi pequeño está arriba! Se lanza, furiosamente, a salvar al pequeño, mientras que el paisajista corre a avisar a los bomberos. Ella no volverá a bajar: se los encontrará ambos en el segundo piso, en sus brazos él, asfixiados. ¿Se habrá refugiado allí arriba el pequeño para evitar las llamas? ¿Ella habrá presumido de sus fuerzas? ¿Pero puede faltarle fuerza y circunspección a una mujer que quiere salvar a su hijo? El misterio queda entero y los humos van a dar razón del descuido del pequeño como del heroísmo de su madre. Pero una cosa es definitivamente cierta: esta joven mujer perdió la vida salvando la de su pequeño, sin contar, sin tergiversar, sin calcular…

Queda un marido que perdió todo: su deliciosa mujer, un querubín de cuatro años, más de angélico que terrestre, y la promesa abortada de colmar de nuevo a esta mujer que hace su alegría. Una madre afectuosa, mi hermana Brigitte, y orgullosa con eso, especialmente de su primogénita que, mezcla sutil de razón y ternura, representa la sabiduría y la referencia de los otros ocho. Padres consternados que ven, en un abrir y cerrar de ojos, pasar sus hijos, trabajadores, eficaces, merecedores, felicidad al horror.

Bien puedo asegurarles mis oraciones, es verdad. Puedo contarles mi emoción y pueden creerla, aunque me no gustan a los hombres que lloran. Puedo, y lo hice como se debe, celebrar el sacrificio del Cristo por todos ellos… Esperan también de mi, sacerdote de Jesucristo para siempre que les de las razones, los porqués, los comos.

Les reconozco mi ingenuidad de esta tarde: releí las tres resurrecciones de Nuestro Señor narradas en los Evangelios: ¿cómo hace, El, en similares circunstancias? Muy rápido debí abandonar esta pista: “Yo soy la resurrección y la vida…” Este Jesús, siempre seguro de su acto (“sé que me escucháis siempre”) sabe pues perfectamente que va a resucitar a Lázaro dentro de dos minutos y en dos palabras, no está menos emocionado hasta las lágrimas. No llora, por favor; se perturba en su espíritu (infremuit spiritu) y sus ojos se llenan de lágrimas (lacrimatus est) lo que no es la misma cosa. ¿Pero cómo reproducir esta mezcla tan sorprendente de soberana seguridad y exquisita delicadeza? Se puede ser sublime (sub limen) pero no se podría alcanzar y superar este límite máximo donde, sólo Jesucristo, evoluciona naturalmente…

El pensamiento mismo de discutir con Dios, de pedirle cuentas o de citarlo a comparecer y dar razón de sus decisiones, es de tal manera extraño a la educación recibida entre los Laguérie que no me pasó por el espíritu. Esta odiosa costumbre entre nuestros contemporáneos de sólo acordarse de Dios para abrumarlo de reproches mientras que lo desprecian en el día a día, sólo me inspira piedad y aversión. Estoy con Dios, ayer, hoy y por siempre y hago mías las palabras de Teresita: “aunque Dios me matara, no dejaría de esperar en El”. En cuanto a los espíritus pequeños que intentarían esta blasfemia, tengo a su disposición un arsenal impresionante de las frases más fuertes de la Escritura. Job comprendió muy rápidamente, que, a ese jueguito, reconoce que Dios no le deja el tiempo de pasar su saliva: “Dónde estabas tu cuando colocaba los fundamentos de la tierra y que intimaba al océano: aquí se romperá el orgullo de tus olas”. Pero sobre todo: ¡“O profundidad inagotable de la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Que sus juicios son insondables e impenetrables sus vías! Quién conoció el pensamiento del Señor; ¿quién nunca ha sido su consejero? ¿O, que le dio a El primero para ser pagado en recompensa? ” San Pablo, por supuesto, (Rom 11, 33) citando a Isaías y a Job. Es casi íntegramente que habría que citar también el primer capítulo de la primera a los Corintios: “¿dónde está el sabio? ¿Dónde el doctor? ¿Dónde el disputador de este siglo? ¿Dios no convenció de locura la sabiduría de este mundo? … »

Ahora ¿Por qué Hélène? ¿Por qué Ferdinand? ¿Por qué tan jóvenes y tan hermosos, en lo físico y mucho más aún en lo moral? Desde cuando se renunció, por la Fe y en ella, a contestar la sabiduría de la Providencia de Dios y se comprendió que Ella dispone todo con suavidad, se ve más claro. ¿De todos nosotros, en verdad, quién era el que mejor estaba dispuesto a comparecer ante Dios y entrar en la vida eterna? ¿Los jóvenes, aún no hechos? ¿Los otros, a mitad deshechos? ¿Los viejos, que sólo deben serlo a la misericordia y la paciencia de Dios? Hélène tenía sobre todos nosotros esta prerrogativa que nadie le contestará: muy joven había alcanzado una madurez y una plenitud en la Fe y la Caridad. Verdadera hija primogénita de su numerosa familia, en el sentido que empleábamos esta expresión para designar a Francia en el seno de la iglesia, personificaba una sabiduría, una referencia que se plantea y se impone en la dulzura…, cuando pequeña me divertía en llamarla Aristóteles. Su piedad hacia la cruz y el vía crucis, tal como ocurre con su patrona, la madre de Constantino, la había ya sustraído a los halagos de este mundo. Llena de vida y de sonrisa, sin embargo, no tenía en absoluto un pie en la tumba; ¡pero ya tenía uno en el cielo y qué divina lógica que de reunirlos más bien del buen lado! tanto más que este último paso es un paso de gigante, el de la generosidad maternal, instintiva, sin duda, pero perfectamente asumida y consentida. Seguramente habrá percibido el espesor desesperante de la humareda: que importa, no dejará solo el fruto de sus entrañas y su suerte será común. Se va en el ejemplo de una vida dada, ofrecida, para la única oveja de su pequeño redil, que ella mantiene aún y siempre cuando llegan juntos a las praderas eternas…
Es decirte, querida Hélenita, que estoy muy orgulloso ti. Te abrazo muy fuerte y te bendigo aún más fuerte.

P.S. Los funerales de Hélène y Ferdinand tendrán lugar el lunes 5 de mayo a las 10h30 en la iglesia San Clemente de Nantes y se enterrarán en el cementerio de Solignac en Haute-Vienne (87).

Editorial de "Mascaret": El peso de las palabras o la violencia del verbo

sábado 3 de mayo de 2008

Viernes 18 de abril de 2008, por El secretario


La riqueza particular de nuestra liturgia de Cuaresma nos trabaja, nos sacude y… nos interpela. Tengo horror de esta última palabra pero la empleo intencionalmente como una de esas innumerables deformaciones del vocabulario que, tengamos cuidado, atacan lenta y seguramente el pensamiento. No tengo encargo de nadie de mantener la lengua francesa en buen estado de marcha aunque me esfuerzo por mi gusto personal y quizá también por respeto de los que me hacen la indulgencia de entenderme, a falta de escucharme…


Pero cuando esta deformación alcanza la palabra de Dios, escrita o transmitida, me parece evidente que se trata entonces de una cuestión de fidelidad a la Fe misma. Por consiguiente, la verborrea que sustituye y desnaturaliza la potencia del enunciado destruye del mismo golpe el mensaje del Espíritu Santo y envenena el pan diario del cual el hombre debe vivir: la palabra de Dios. Y como casi no se encuentran más predicadores suficientemente alimentados (amasados, más bien) del fraseado de la Escritura para restituir, a la oral, la violencia escrita, el cristiano que quiere conservar en su tenor y su sabor el Verbo de Dios está condenado a agarrarse de la Escritura Santa para no pensar que Dios haya perdido su tiempo contándonos sandeces. Aún es necesario que tenga una buena versión y que sepa leer este altercado apasionado de Dios con los hombres, en la violencia de sus colores. Es otra cuestión…


No hay allí una actitud protestante sino una necesidad católica de supervivencia espiritual. Por lo demás, a parte de ciertos grandes exegetas protestantes cuya ciencia los hace un tanto prudentes y que aman de verdad la Escritura, la ausencia del Magisterio romano en exégesis hace a la mayoría dispersarse en las ciénagas del subjetivismo más abstruso. Basta con haber discutido un día con evangelistas o testigos de Jehová para convencerse de esto. Si caen sobre un verdadero experto de la Escritura, crujen los dientes en menos de diez minutos. Se aprende también ahí en poco tiempo que el Verbo no es Dios, que la vida eterna no existe (si no un paraíso terrestre bucólico-socializante sobre un fondo de caja de camembert digno de los más malos de las publicidades), que de María de Nazaret no es más Virgen que eso (para qué bien sería haber dado al mundo un hijo de hombre como todos los otros…) etc. y regresamos a las sandeces anteriores de un Espíritu que no planea de ningún modo sobre las aguas vivas, sino por supuesto sobre ciénagas apestosas.


Sólo la Santa Escritura conserva un fraseado divino que la lengua de los hombres perdió. Y si los hombres reencuentran un día esta vena casi milagrosa, lo deberán al Espíritu Santo que, no pudiendo inventar nuevas verdades, fecundará la lectura de la Escritura. Es necesario que nos pongamos de nuevo a hablar como la Escritura, por el espíritu que está en nosotros, movido por Aquel que está en Dios. O el verbo divino o el lenguaje estereotipado. Se trata nada menos que de la supervivencia de Dios en este mundo, ya que, dice el salmo, “las verdades han sido disminuidas por los hijos de los hombres… ”.


Tratemos de precisar el genio de Dios en la Escritura Santa y en consecuencia las características providenciales que confieren a este texto su violencia, su sabor y su potencia insuperables por la mano de hombre. Ciertamente, sabemos por la Fe que está exenta de error, en su versión original, desde la primera hasta la última línea. Pero no está allí su fuerza, es su garantía. No aprecio tampoco a los que elogian sus calidades literarias. Además de que están muy lejos saltar a la vista, (algunos pasajes hasta podrían pasar por ilegibles, los sacerdotes que recitan los salmos me comprenden) se ve mal al Espíritu de Dios hundir en artificios de formas “el esplendor de la verdad” que nos descubre. Sin embargo, y esto no es de ningún modo contradictorio, se puede decir que al Espíritu Santo tiene el genio de la fórmula, pero precisamente por el contrario. ¡“El Deseado de las colinas eternas”! empleada por Jacob para designar al Mesías en la permanencia de la raza real. “Consérvame vuestro espíritu principal” (PS. 50) suspira David que teme que su pescado no le “quite su candelabro de su lugar” (Apoc). O también “aquí haymás que Salomón” el cual, en relación a los lirios de los campos “no se revistió nunca como uno ellos”. (Jesús, por supuesto). Pero quién no ve que la potencia de la fórmula, su incisión, su percusión, pertenecen a la comprensión de una verdad sublime mientras que la belleza del carácter literario desviaría más bien. (Sin perjuicio por otra parte del recurso al genero literario a veces útil al exegeta). “El sembrador salió a sembrar su semilla… ”. Se puede ver ahí, hasta entender, el gesto augusto y repetitivo del sembrador, pero no es fonéticamente bello. ¡Y tanto mejor para la parábola más cincelada y más aristocrática del Salvador! Por otra parte el rey David que sólo escribía cantando bajo la influencia del Espíritu y se encuentra ser el autor de los dos tercios de los 150 salmos ¿no se elogiaba “de ignorar el artificio literario”?


La Escritura es judía, dictada por judíos, para judíos (al principio en todo caso) y toda entera construida para conducirnos al más judío de los hijos de los hombres: Jesús de Nazaret, hijo de David y de Dios. No es porque, venido a los suyos, los suyos no lo recibieron que eso cambia aunque esto sea (para nosotros quienes somos injertos, según San Pablo), a la economía divina de esta historia enteramente judía. ¡Al contrario! Y no basta con pensar que está muy bien así porque después de todo Dios lo quiso. El extraordinario sabor y fuerza de este texto único le viene en primer lugar de este cariz judío, esta mentalidad judía, este estilo judío en el cual es narrada la historia de un pueblo enteramente destinado a acoger el don de Dios. Sólo la divinidad, del creador (antes), del redentor (después) saca la cabeza infinitamente del escenario exclusivamente judío de esta historia de la salvación. Por ello pasaron en el texto las características indispensables para la potencia del mensaje. Se sabe que los judíos (al menos los de entonces) son extranjeros a toda filosofía, inclusive refractarios. No hay que invertir las causas: no es porque que los judíos ya tenían respuestas divinas a las cuestiones filosóficas que se abstuvieron de filosofar; es porque su estructura mental, querida por Dios, era libre de este estorbo que fueron elegidos para suministrar sin el artificio de la ciencia humana, la palabra de Dios. Matiz determinante. Es él el que da este primer genio de la Escritura y por ahí su violencia: el pensamiento allí es siempre de una concreción impactante, desembarazado de todo circunloquio humano. Un ejemplo: si en un lenguaje castigado usted quiere decir sus cuatro verdades a un mentiroso, le dirá que su lenguaje es doble. Pero cuando Dios habla dice “os bilinguae detestor” (Prov.). En buen francés: ¡“tengo en horror la boca a dos lenguas”! Ya se ve la monstruosidad de esta única boca en la cual se agitan dos lenguas de serpiente… y eso le corta el deseo de mentir. A los que se quejarían de las preferencias divinas (como si Dios no tuviera preferencias, ni siquiera cualquier derecho a tener!) a la Escritura les pega “ amé a Jacob y odié a Esaü”. Y los exegetas nos cansan al hacer decir a este texto, con mil precauciones mundanas, que se habría comprendido mal estas palabras al hacerlas decir lo que dicen. “Maldito sea aquél que cuelga del madero” dice el Deuteronomio. ¿Dios puede maldecir a un hombre vivo? ¿Y porque ya esta así cruelmente golpeado? ¿Es El un monstruo? Pregúntele a San Pablo: es con esta frase que él comprendió el misterio insondable de la cruz del Cristo. “Desdichado de mi si no evangelizo” grita el apóstol. Eh sí, un pastor perezoso o pasado al enemigo no encuentra allí su cuenta, se lo concedo.


Siempre en el registro judío, parece, la Escritura Santa no dice las cosas, las martilla. Los libros sapienciales repiten siempre la misma cosa dos veces con palabras diferentes, a lo largo de las páginas. “El hilo doble no rompe y el hermano, sostenido por su hermano, es una fortaleza inexpugnable” (Prov.). Esta capacidad de la imagen fuerte en un lenguaje siempre concreto, repetida de dos (o tres) maneras, reviste una fuerza de persuasión remarcable. Los Evangelios no escapan a esta norma y se puede decir que la palabra del Maestro, es normal, lleva al paroxismo esta constante. La construcción del sermón de la montaña obedece a un esquema repetitivo de una excepcional potencia. “Se les enseñó que fue dicho a los ancianos… y Yo, yo les digo… ”. Así el acoso a Dios en la oración o también la necesidad de estar siempre listos para el encuentro del Señor son ilustrados con tantas sentencias y parábolas que el fuego cruzado de estas doctrinas las hace vinculantes. Las dos narraciones de la creación en el Génesis, los tres Evangelios sinópticos, ídem.


Pues la Escritura no demuestra: ¡Afirma! ¿Dios tiene que demostrar lo que afirma? A parte de San Pablo, tal vez, que se contenta con demostrar afirmando, no se encuentran pruebas. A lo sumo explicaciones del tipo de la de San Pablo demostrando la resurrección de cada cristiano por la del Salvador, su cabeza. De ahí, obviamente, la potencia de autoridad máxima desplegada por la Escritura, a la cual no podría pretender ningún predicador desde los Apóstoles. El Señor aún detenta la marca. Y no solamente por su poder de taumaturgo fuera de par (“Joven, yo te lo ordeno: levántate” “Lázaro: sal fuera”) sino en el establecimiento de las verdades más inadmisibles. ¿Cuándo, al buen medio del discurso sobre el pan de vida, los auditores protestan y murmuran “¿pero cómo este hombre puede darnos a comer su carne? ” la explicación de Jesús no va a complicarse de teología sacramental: “Si no comen la carne del Hijo del hombre, y si no beben su sangre, no tendrán la vida en ustedes”. En cuanto a los que lo haremos: “Yo los resucitaré en el último día”. Se comprende fácilmente la primera reacción a semejantes palabras: ¡“nunca hombre ha hablado así”! Las explicaciones del Señor se limitan más bien a esto: “El que tiene oídos para oír, que oiga”.


Habría aún mil y una cosas que decir como la rara potencia simbólica del texto consagrado, en las cifras, en las imágenes inagotables. La crudeza de las narraciones, igualmente, en los pecados de los hombres como en sus grandes hechos. A este respecto el Éxodo y los libros de los reyes sobrepasan infinitamente los mejores thrilleres americanos (me dirán, es bastante fácil). Hay por sobre toda esta historia de la salvación, complicada, rebotando, sorprendente pero una y cautivante por la omnipresencia de Dios que siempre es el personaje principal de estas peripecias humanas. ¡Dios! ¡Que es desesperadamente aburrida una historia donde Dios no está! El es el que da consistencia a todo, y no solamente como creador (banal…) sino como protagonista, como referencia, como presencia, como ambiente de la miserable y lamentable anécdota humana cuando el sol se eclipsa. ¡Cuánto yo compadezco a los ateos! Incluso sus grandes pescados, incluso su pequeña rebelión hipócrita no tiene la menor consistencia. ¿Pecar? ¿Pero contra qué? ¿Rebelarse? ¿Pero contra quién?


El siglo XXI deberá reencontrar esta vena divina de la concreción judía o el cristianismo desaparecerá. ¿Deberemos reclamar a los judíos esta violencia de la Escritura que perdimos en el marasmo de nuestras ideologías moribundas? Mala solución: en ellos la mala letra mató el espíritu como entre nosotros el mal espíritu mató la letra. Ya no se avanzaría más. Y ya que la violencia del verbo está casi interrumpida, esto es casi desesperado. Nuestra religión es evidentemente una religión del Verbo y no del Libro como lo repiten a propósito las propagandas mediáticas (“las tres religiones del Libro”: pouah!). Sólo el Islam es una religión del Libro, mismo si los talmudistas han reducido a esto al judaísmo. Incluso entre nosotros, no es la Escritura Santa que nos devolverá la potencia del Verbo: ella no será jamás sino la ilustración más suntuosa, el rastro culminante, “esto de lo cual El es capaz”. Es el Verbo que hizo la Escritura y no la Escritura que hizo al Verbo. Con todo se nos había dicho: “todo fue hecho por El”.



El mimetismo nunca ha producido un buen verbo y copiar la Escritura sólo será un plagió. No veo sino sólo al Espíritu Santo, el dedo de Dios, que pueda sacarnos de este impase mortal del cristianismo que envejece, y de su lengua adormecida. Sólo aquél que la produjo puede volvernos, por fecundación ("in vitro", desgraciadamente, salvo una violación), el fruto de la semilla que El difundió tan abundantemente en la Escritura, último testigo: la violencia del Verbo, por El concebido.

Llevamos orgullosamente la marca de fábrica de Benedicto XVI: lo que firmamos (tanto sobre el Concilio como sobre la misa) son acuerdos sobre el fondo

domingo 27 de abril de 2008

Este es el real motivo del “no podemos firmar” de Mons. Fellay, según el P. de Tanoüarn: “no es tiempo de firmar porque la FSSPX no tiene ni la unidad interna ni la fuerza necesaria para enfrentar imediatamente tal mutación”.

En relación con elIBP el Padre de Tanoüarn dice:

"En el Acta de adhesión que firmamos, se estipula que nos reservamos un derecho de crítica constructiva del Concilio. Diría incluso que entre las comunidades ED (Ecclesia Dei), esta libertad crítica es lo que hace nuestra especificidad, nuestro carisma. Nada que ver, entre paréntesis precisamente, con lo que uno de entre ustedes llama acuerdos prácticos. Llevamos orgullosamente la marca de fábrica de Benedicto XVI: lo que firmamos (tanto sobre el Concilio como sobre la misa) son acuerdos sobre el fondo. Pudimos hacerlo gracias también a nuestro pequeño tamaño: small is beautifull, a veces."

Una puesta a punto por Padre G. de Tanoüarn (2008-04-25 02:35: 15)
http://www.leforumcatholique.org/message.php?num=390116
Además, dicho sea de paso, muestra la importancia y ejemplaridad querida, para toda la Iglesia, del lucido acuerdo del IBP con la Sede Apostólica, querido por el Santo Padre, ilustra en su especifidad en lo concerniente a las condiciones y garantías jurídicas concedidas para la libertad de crítica –seria y constructiva- del Concilio y en lo concerniente a la celebración de la Santa Misa por parte de los miembros del Instituto del Buen Pastor. Oigamos... o mejor: leamos al Padre refiriendose a las reservas de la FSSPX al posible acuerdo con Roma, en le Forum catholique:

En un texto que publiqué en el Foro, exhortaba a la FSSPX no ceder ante la fiebre de “compromiso”. Algunos, aquí mismo y en sucesivas ocasiones (me lo han señalado), concluyeron que tendría remordimientos de firmar un Acta de adhesión y de haber obtenido, con el Padre Laguérie y algunos otros sacerdotes el reconocimiento canónico del Instituto del Buen Pastor, y eso porque que yo sería menos libre que antes. ¿Remordimientos? ¿Menos libre? ¿Pero de dónde sacan todo eso? En el Acta de adhesión que firmamos, se estipula que nos reservamos un derecho de crítica constructiva del Concilio. Diría incluso que entre las comunidades ED (Ecclesia Dei), esta libertad crítica es lo que hace nuestra especificidad, nuestro carisma. Nada que ver, entre paréntesis precisamente, con lo que uno de entre ustedes llama acuerdos prácticos. Llevamos orgullosamente la marca de fábrica de Benedicto XVI: lo que firmamos (tanto sobre el Concilio como sobre la misa) son acuerdos sobre el fondo. Pudimos hacerlo gracias también a nuestro pequeño tamaño: small is beautifull, a veces.

Escribí que la FSSPX no debía apresurarse a firmar. Firmar por firmar no tiene sentido. ¿Firmar qué? ¿Para ir a dónde? Es necesario poder estar orgulloso de lo que se firma con el Padre común de los fieles (como yo mismo lo estuve y lo estoy), o entonces esta firma no sería más que un trapo de papel, que lo pone en peligro. Firmar un trapo de papel que generaría la división y la autodestrucción de la FSSPX, eso no constituye de ningún modo una solución. Por a otra parte, para ser capaz de firmar un verdadero acuerdo, es necesario saber y hacer saber hacia dónde se va. Y no referirse a acontecimientos que tienen quince años. No retomar como escudo un discurso que no se ha revisado (o trabajado de nuevo) desde hace quince años. Como si nada hubiera cambiado.

Cuando se oye decir, viniendo de la FSSPX o de sus amigos (de los que formo parte): "aún no es el momento de firmar", esta expresión puede tomarse en dos sentidos. O: no es tiempo de firmar, porque Roma no fue bastante lejos en la Restauración. Y pienso que este motivo es flojo y que conduce a dejar la preocupación por la unidad de la Iglesia hasta después de la parusía. Siempre habrá inevitablemente una razón hasta entonces para decir que esto va mal y permanecer fuera.

O sea aún, en un sentido muy diferente: no es tiempo de firmar porque la FSSPX no tiene ni la unidad interna ni la fuerza necesaria para enfrentar inmediatamente tal cambio. Firmando demasiado deprisa (¿qué? ¿para ir dónde?) corre el riesgo de estallar en vuelo, para la mayor desgracia de toda la cristiandad. El combate es difícil. Los episcopados no desean forzosamente practicar la virtud de la acogida. Un buen acuerdo es un acuerdo que se firma en fuerza. Es necesario que la FSSPX resuelva primero las dificultades internas. Debe hacerlo poco a poco, apoyando con determinación, día a día, todo lo que, en la acción providencial de Benedicto XVI, pide ser apoyado. Esto es lo que yo explicaba en el post que citan.

En este espíritu, escribí también, en el mismo post, que no citan sino truncado: la FSSPX debe comprometerse por la Iglesia y no solamente lanzando campañas del Rosario, sino haciendo todo lo que ella pueda, exponiéndose como se exponía Mons. Lefebvre, sosteniendo al papa, del cual ciertos textos sobre el ecumenismo, en los Estados Unidos, son simplemente magníficos, del cual algunos textos sobre la libertad religiosa son muy esclarecedores.

Uno de entre ustedes se pregunta a título de qué intervengo. Intervengo simplemente porque quiero a la Fraternidad San Pío X, en la cual he pasado aproximadamente quince años de vida sacerdotal, en condiciones que fueron siempre privilegiadas, en Libreville o en París. Creo conocerla mejor que aquellos que la defienden. No me resigno a verla desaparecer en la insignificancia de discursos prefabricados que se sirven de nuevo en todas las ocasiones y (a lo mejor) de campañas de rezos a repetición, que constituyen una coartada para no hacer lo que se podría hacer, o decir lo que se debería decir. La Iglesia, me parece, espera de la obra de Mons. Lefebvre otra cosa diferente de esta clase de coartadas.

Las ordenaciones del IBP en la Basílica de San Juan de Letran en fotos

jueves 3 de abril de 2008



23 de febrero 2008 - ordenaciones del IBP en San Juan de Letrán

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Oportuno consejo de Gamaliel a los sanedritas que persiguen a los fieles

martes 11 de marzo de 2008

Hch 5.27–42: Oportuna Reflexión:



27 Les trajeron, pues, y les presentaron en el Sanedrín. El Sumo Sacerdote les interrogó
28 y les dijo: "Os prohibimos severamente enseñar en ese nombre (…)."

29 Pedro y los apóstoles contestaron: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.(…)

33 Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.

34 Entonces un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, con prestigio ante todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín. Mandó que se hiciera salir un momento a aquellos hombres,

35 y les dijo: "Israelitas, mirad bien lo que vais a hacer con estos hombres.

36 Porque hace algún tiempo se levantó Teudas, que pretendía ser alguien y que reunió a su alrededor unos cuatrocientos hombres; fue muerto y todos los que le seguían se disgregaron y quedaron en nada.

37 Después de éste, en los días del empadronamiento, se levantó Judas el Galileo, que arrastró al pueblo en pos de sí; también éste pereció y todos los que le habían seguido se dispersaron.

38 Os digo, pues, ahora: desentendeos de estos hombres y dejadlos. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá;

39 pero si es de Dios, no conseguiréis destruirles. No sea que os encontréis luchando contra Dios." Y aceptaron su parecer.
40 Entonces llamaron a los apóstoles; (…). Y les dejaron libres.


41 Ellos marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre.

42 Y no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Nueva de Cristo Jesús cada día en el Templo y por las casas.

martes 4 de marzo de 2008

http://www.youtube.com/watch?v=3zuA7xaGZTU



Letra:


O Roma felix - O Roma nobilis.
Sedes es Petri, qui Romae effudit sanguinem,
Petri, cui claves datae sunt regni caelorum.
Pontifex, Tu successor es Petri;
Pontifex, Tu magister es tuos confirmas fratres;
Pontifex, Tu qui Servus servorum Dei,
hominumque piscator, pastor es gregis,
ligans caelum et terram.


Pontifex, Tu Christi es vicarius super terram,
rupes inter fluctus, Tu es pharus in tenebris;
Tu pacis es vindex, Tu es unitatis custos,
vigil libertatis defensor; in Te potestas.
Tu Pontifex, firma es petra, et super petram hanc
aedificata est Ecclesia Dei.
O felix Roma - O Roma nobilis.

P. Laguérie, superior del IBP sobre la nueva oración del Viernes Santo

lunes 3 de marzo de 2008

Sobre la nueva oración del Viernes Santo


Traducido por Felipe Alanís - Monterrey

Estimado Padre,



En primer lugar mi felicitación por todo el trabajo que usted realiza y por la constante preocupación que tiene por la santificación del rebaño. Mi pregunta se refiere a la promulgación por el papa de una nueva oración por la conversión de los judíos.

¿Podría darnos su luz sobre el tema? ¿Se trata de una promulgación diplomática? ¿Se trata de una promulgación que se queda en el marco de una posible reforma litúrgica en el sentido católico del término?Le agradezco de antemano por su respuesta sobre este tema delicado y muy importante.



Marie-Alix Doutrebente

RESPUESTA del Padre Laguérie


Muy querida Marie-Alix,

Antes de tratar un tema tan delicado, hay que saber de qué se habla. También, antes que todo, le propongo una segunda lectura de las tres fórmulas de oraciones por los judíos, del Viernes Santo.

1- La fórmula del misal de 1962, supresión hecha del famoso “perfidis ” decidida por Juan XXIII en 1959. « Oremus et pro (perfidis) judeis: ut Deus et Dominus noster áuferat velámen de cordibus eórum; ut et ipsi agnóscant Jesum Christum Dominum Nostrum. Orémus. Flectamus genua. Levate. Omnipotens sempiterne Deus qui Judeos étiam a tua misericórdia non repellis: exáudi preces nostras, quas pro illíus populi obcaecatióne deférimus; ut, ágnita veritatis tuae luce, quae Christus est, a suis ténebris eruántur. Amen. »


2- La fórmula del misal de Pablo VI de 1969: « Oremos también por el pueblo judío, el primero a quien Dios habló desde antiguo por los profetas, para que el Señor acreciente en ellos el amor de su nombre y la fidelidad a la alianza que selló con sus padres. (silencio) Dios todopoderoso y eterno, que confiaste tus promesas a Abrahán y su descendencia, escucha con piedad las súplicas de tu Iglesia, para que el pueblo de la primera alianza llegue a conseguir en plenitud la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor »



3- La fórmula del papa Benedicto XVI, propuesta y hecha obligatoria por la nota de la Secretaría de Estado el 4 de febrero de 2008: « Oremus et pro Judeis; ut Deus et Dominus noster illuminet corda eorum, ut agnoscant Jesum Christum salvatorem omnium hominum.Oremus. Flectamus genua. Levate. Omnipotens sempiterne Deus, qui vis ut omnes homines salvi fiant et ad agnitionem veritatis veniant, concede propitius, ut plenitudine gentium in Ecclesiam Tuam intrante omnis Israël salvus fiat. Per Christum Dominum Nostrum. Amen. »

Unas observaciones factuales, antes de ir más lejos. Informé la segunda fórmula para memoria: ella no es el complemento directo ni de su pregunta ni de mi análisis.
La perennidad de la alianza antigua requeriría evidentemente una seria hermenéutica. Esta fórmula queda vigente en la forma ordinaria y no se encuentra modificada. Porque la modificación del papa actual se refiere sólo a la forma extraordinaria: ella reemplaza la primera por la tercera, sin modificar en nada la segunda. El Papa escogió no imponer la segunda: tomamos nota de eso.
Anotaremos luego que el actual alboroto popular alrededor de “pérfidos”, ya sea periodístico o tradicionalista, es simplemente ridículo: he aquí más de 50 años que esta palabra había sido retirada oficialmente de la liturgia. Y creo, para acabar con esta palabra, que hay que comprender qué había tomado un contra sentido en el vernáculo. Porque la palabra latina designa a alguien que pasa a través de la Fe, de lado, que es manifiestamente el caso de los judíos, la mayoría de los cuales no creen que Jesús sea el Mesías de Israel y aun menos que este Mesías sea el Hijo Único de Dios.
Son pues “pérfidos” en el sentido latino de la palabra, objetivamente, de una calificación teológica. Pero la liturgia no sabría calificarlos de “pérfidos” en el sentido que esta palabra reviste en francés corriente. ¡La calificación moral e hyper-despectiva salta a la vista y apenas se condice con el estilo de una oración qué suplica a Dios no ajustar cuentas! En el diccionario HATIER que tengo a mano, “pérfido(a)” significa: traidor, que falta a su palabra, desleal. El judío actual, educado en el talmudismo estricto es sin duda ciego (obcaecatio en la antigua oración, recuperada por la nueva que pide siempre una iluminación) sobre el mesianismo de Jesús y más todavía sobre su divinidad: es un hecho. ¿Pero ninguno tiene el derecho, sobre todo citando sin razón la liturgia tradicional, de creer que es un traidor, un hombre que falta a su palabra (¿a cual?), un hombre desleal.
Relea los textos de San Pablo para convencerse de eso: él habla sí de un velo sobre sus ojos (y podemos lamentar que esta fuerte imagen paulina haya desaparecido) pero atavía a los judíos de calificativos temibles (2 Tes o Gal por ejemplo) sólo en la medida en que persiguen a los cristianos e impiden la difusión del Evangelio. No hay que confundir todo, por favor. ¡Los quiere apasionadamente, a todas luces y quisiera ser el mismo anatema, por su salvación!
Los elementos todos de la antigua oración se encuentran en la nueva, la cierta violencia de los términos o de las referencias en menos. Todos mal comprendidos, como vamos a verlo. La misma teología está estrictamente ahí, es evidente. La referencia suprimida al « velo puesto sobre los corazones » no era despectiva en absoluto en San Pablo (2 Cuerno 3. 15) ya que es el Dios quien pone el velo y no los judíos y que el Apóstol añade a eso en seguida: « tan pronto como sus corazones se hayan vuelto hacia el Señor, el velo será levantado ».
Sabemos que este velo es el que Moisés ponía sobre su cara para esconderles a los hijos de Israel la gloria pasajera del sublime contacto con Dios (ídem 3.13). ¡Qué cambio de perspectiva!
Pero San Pablo vuelve dos veces: en la voluntad salvífica universal de la epístola a Timoteo y sobre todo en la última petición « ut omnis Israel salvus fiat ». ¡Antes de que algo de agitación en la contestación nos haga hacer una exégesis rara de esta frase difícil, hay que recordar, a pesar de todo que es de San Pablo (Rom 11.25)! Porque a primera vista, Israel podría designar « el Israel del Dios » de la carta a los Gálatas (6.7) que es la Iglesia, los que son una « nueva criatura » en Cristo y no vemos bien por qué habría que salvarlo. O bien se trataría solamente del Israel de la antigua alianza y « omnis » no tiene ningún sentido. San Pablo dice claramente lo que significa allí « omnis Israel ».
Citémoslo: « es que una parte de Israel cayó en la ceguera hasta que la masa de gentiles haya entrado. Y así todo Israel será salvado ». ¡El Apóstol explica el plan del Dios que hace desobedecer para hacer misericordia, los paganos (hechos cristianos) primero y los judíos después (¡“juicio insondable ”! exclama él). Se trata pues, en el pensamiento de San Pablo, de reunir finalmente ambas partes de Israel, divididas ahora: la del antiguo testamento incluso la generación apostólica con el segundo que debe volver en masa cuando las naciones serán ganadas. « omnis » se hace entonces muy claro: falta en la Iglesia la segunda parte de Israel, mientras la plenitud de las Naciones no entre; « ut plenitudine gentium in Ecclesiam Tuam intrante ». Siempre San Pablo.
Este modo de rezar por los judíos es magnífico: llama sus votos a la reunificación de Israel, prometida por la Escritura, en la Iglesia y les da a entender a todos los no cristianos que son ellos que retrasan la cosa. « Porque el Dios encerró a todos los hombres en la desobediencia, para hacer misericordia ». (11.32). Aviso para todos los polemistas primarios que no perciben la cuestión de los judíos como un misterio que Dios solo se reserva. Y para safarse, un buen consejo: releer la carta a los romanos y darse cuenta finalmente que es mucho más inteligente que su pensamiento prestado.
¡En cuanto a los inquisidores qué hacen observar (en el Foro Católico) que Jesús no es llamado por su título de Hijo de Dios, les respondo que un simple hombre no podría ser el Salvador de todos los hombres, vamos! Y que los judíos admitiendo (por iluminación) que Jesús es el Mesías y el Salvador de todos los hombres vendrían evidentemente a la percepción de su divinidad.
Además, señalo a estos eruditos que el « per Christum Dominum » final significa « por Cristo Señor » y que la palabra Señor en singular, con mayúscula “El Señor” (en hebreo “Adonaï ” en griego “Kyrios”) es el que los judíos empleaban para designar a Dios porque se prohibían por respeto pronunciar su verdadero nombre ” Jahvé “.

Tomaré pues esta oración magnífica porque es una orden, pero también porque un Papa que conoce tan bien a San Pablo merece, llama, nuestra piedad filial .

SUMMORUM PONTIFICUM CURA: Benedicto xVI da Via Libre a Misa Tradicional

El Santo Padre "Manda a que se obedezca lo decretado", por tanto Nadie puede exigir requisitos especiales ni a sacerdotes ni a fieles que no sean los establecidos en el documento Pontificio... AGNUS.

Algunas puntos de relevancia del Motu Proprio:
…habiendo sopesado todos los elementos, invocado el Espíritu Santo... por la presente Carta Apostólica, Apostólica
Decretamos LO SIGUIENTE:
Art. 1. ... es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa de acuerdo con la edición típica del Misal Romano promulgado por el Beato Juan XXIII en 1962 y nunca abrogado, como la forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia…
...Art. 3. Si Comunidades o Institutos de Vida Consagrada o Sociedades de Vida Apostólica de derecho pontificio o diocesano desean tener una celebración de la Santa Misa según la edición del Misal Romano … 1962 en una celebración conventual o comunitaria en sus propios oratorios, esto está permitido. …
Art. 4. … incluso los fieles..., pueden ser admitidos a la Santa Misa mencionada en el art. 2….
Art. 5, § 1. En parroquias donde un grupo de fieles adheridos a la previa tradición litúrgica existe de manera estable, que el párroco acepte a sus pedidos para la celebración de la Santa Misa de acuerdo al rito del Misal Romano… 1962. …
§ 2. La celebración … puede realizarse durante los días de semana,... los Domingos y días de fiesta debe haber sólo una de estas...
§ 3. Que el párroco permita celebraciones de esta forma… matrimonios, funerales o celebraciones ocasionales,...
§ 5. En las iglesias que no son ni parroquiales ni conventuales, es el Rector de la Iglesia quien concede el permiso arriba mencionado…
…Art. 7. Donde un grupo de fieles laicos,... no obtiene lo que solicita del párroco, debe informar al Obispo …. Al Obispo se le solicita seriamente acceder a su deseo. …
Art. 9, § 1….un párroco puede,... dar permiso para el uso del ritual más antiguo en la administración de los sacramentos del Bautismo, Matrimonio, Penitencia y Unción de los Enfermos, según sugiera el bien de las almas.
§ 2. Se concede a los Ordinarios la facultad de celebrar el sacramento de la Confirmación utilizando el anterior Misal Romano …
Art 10. Es lícito que el Ordinario local, ... erija una parroquia personal ...para las celebraciones según la forma anterior del Rito Romano o nombrar un rector o capellán,
Todo lo que es decretado por Nosotros mediante este Motu Proprio, ordenamos que sea firmado y ratificado para ser observado a partir del 14 de Septiembre de este año,…, pese a todas las cosas en contrario.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 7 de julio en el Año del Señor de 2007, Tercero de nuestro Pontificado. BENEDICTO XVI

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EXULTET IBP